UN MUNDO SIN FIN. Ken Follet

sábado, 26 de enero de 2008

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Por fin se ha publicado la tan esperada segunda parte de Los Pilares de la Tierra, de Ken Follet. La acción transcurre en la misma ciudad, Kingsbrige, 200 años después, y está protagonizada por los descendientes de los personajes de la primera novela.

Como señala el editor, "la catedral y el priorato vuelven a ser la base de esta magnífica historia de amor y de odio, de ambición y de venganza, ambientada en el convulso mundo medieval donde priman las intrigas, los asesinatos, las guerras y la peste negra".

En la sección de crítica literaria de El Pais señalan, creo que con bastante acierto, que "Follet ha escrito un alegato a favor de la liberación de la economía, la mujer, los homosexuales y el respeto entre los seres humanos. Su heroína, de la que se enamoran monjas y arquitectos, defiende con entusiasmo y buen juicio la razón y la experiencia frente al fanatismo heredado. Y, a través de hundimientos y ascensos de personas y catedrales y puentes, la maldad sucumbirá en 1361, si es que aparece por fin la carta enterrada y decide la última querella de una novela abundante en pleitos y astucias políticas. Han pasado 34 años y 1.180 páginas".

Continuamente se van sucediendo toda una serie de acontecimientos, uno tras otro, a lo largo de todo el libro. Y, en el instante en que parece que llega un momento de relativa calma, siempre sucede algo nuevo e inesperado, algo que convierte la lectura de Un mundo sin fin en algo adictivo. Como dice Ken Follet, "conforme los personajes resuelven un problema surge otro, y eso hace que los lectores pasen página". Y, al final, el autor consigue, de forma maestra, que las múltiples piezas del enorme rompecabezas que había creado a lo largo de más de 100 páginas encajen unas con otras a la perfección.

Para gustos hay opiniones y esta novela te puede gustar más o menos que la primera. Yo tengo que decir que no ma ha defraudado en absoluto, sino todo lo contrario.

Recientemente, Ken Follet ha presentado su libro en España y, para ello, ha elegido un marco incomparable como es la Catedral de Santa María, en Vitoria.

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